Normalmente se admiten tres etapas en la infección provocada por el VIH:
Período de infección: dura de 1 a 6 meses desde el momento del contagio. Los síntomas que se suelen presentar son los parecidos a una gripe, es decir, fiebre, cefaleas, inflamación de ganglios linfáticos, dolores musculares, etc
En este período no se detectan aún en el plasma los anticuerpos contra el virus, pero éste está presente y el enfermo puede ser transmisor.
Fase asintomática: a partir del período de infección, puede durar desde meses a años, calculándose que en el 30 a 35% de los infectados sin tratamiento, puede durar hasta 7 u 8 años. En los recién nacidos infectados, no sobrepasa los dos años.
En este período ya se detectan los anticuerpos contra el virus, por lo cual se dice que el infectado es seropositivo y parece que hay un cierto equilibrio entre el virus y el sistema inmunitario que lucha contra él, pudiéndose presentar, de vez en cuando, fases agudas similares a la del período de infección, que corresponden a momentos de actividad replicadora del virus.
En esta fase, el enfermo es también un posible transmisor.
Deterioro del sistema inmunitario y sida: al producirse un déficit de linfocitos T lisados por el virus, la lucha del sistema inmunitario se va debilitando, no sólo contra el virus, sino también contra toda posible enfermedad. Se aprecian además lesiones producidas en el sistema nervioso y en el digestivo como diarreas, desnutrición... Al desaparecer las defensas inmunitarias, proliferan lo que se denominan infecciones oportunistas, causadas muchas de ellas por protozoos y hongos, fácilmente vencidos en estado normal. Podemos citar como ejemplo las neumonías, meningitis, trastornos digestivos entre otros.
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sábado, 7 de febrero de 2009
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